São Paulo, 29 sep (EFE).- El resultado de las elecciones presidenciales en Brasil dará forma definitiva al mapa político de Latinoamérica. El país se perfila como la última pieza de la "marea azul" patrocinada por Donald Trump y, al mismo tiempo, como el clavo ardiendo de un progresismo de capa caída en la región.
Los dos favoritos para los comicios del próximo domingo 4 de octubre representan caminos diferentes: el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en busca de su cuarto mandato a sus 80 años, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario ultraderechista Jair Bolsonaro.
Una campaña altamente polarizada y clave en términos geopolíticos, en plena ascensión de la derecha radical no solo en América, sino también en Europa y en países de Asia como Japón.
En este contexto, Brasil no había vivido en su historia reciente intentos de intromisión externa tan evidentes durante su proceso electoral, según expertos consultados por EFE.
Lula lo denunció en la Asamblea General de Naciones Unidas: "La democracia está nuevamente en jaque. Volvemos a presenciar la injerencia externa en procesos electorales (de Latinoamérica)".
Trump y Milei, en campaña
Estados Unidos y Argentina han encabezado esos intentos de interferencia con acciones que han buscado "desestabilizar" el Gobierno de Lula, afirma a EFE Marília Pimenta, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad Estatal Paulista Júlio de Mesquita Filho (Unesp).
En julio, el presidente argentino, Javier Milei, viajó a São Paulo para apoyar públicamente a Flávio Bolsonaro e insultar a Lula, al que llamó "ladrón" y "presidiario".
En respuesta, Brasil rebajó la relación con su gran socio sudamericano. La crisis continúa abierta.
Los aranceles del 25 % y del 12,5 % decretados por la Administración Trump por supuestas prácticas "discriminatorias" y uso de trabajo forzoso también se perciben como una forma de "desgastar" a Lula a las puertas de las elecciones.
Asimismo, EE.UU. intentó enviar una comitiva para verificar la idoneidad del proceso electoral brasileño y visitar a Jair Bolsonaro, condenado por golpismo y en prisión domiciliaria.
Además, presionó al Ejecutivo para que diera las credenciales a su nuevo embajador en el país. Lula anunció que solo lo analizará después de las elecciones, a lo que Trump respondió retirando el visado a la embajadora brasileña en Washington.
En paralelo, las negociaciones comerciales entre las dos mayores democracias de América prosiguen, con la previsión de un encuentro al margen de la cumbre ministerial de Comercio de los países del G20 que se celebrará esta semana en Milwaukee.
El Escudo de las Américas, a debate
Como telón de fondo está el nuevo encaje de Latinoamérica con EE.UU., Lula siempre ha apostado por una integración regional sin la presencia de la potencia norteamericana. Así lo hizo con la olvidada Unasur y en su actual mandato con el Consenso de Brasilia.
Pero en estos cuatro años Argentina, Bolivia, Colombia, Perú y Chile, entre otros, han cambiado de color, dando paso a una "marea azul" que hoy domina buena parte de los Gobiernos de la región.
Estos países y otros, como Ecuador, Paraguay, El Salvador y Honduras -todos gobernados por la derecha-, se han sumado al llamado 'Escudo de las Américas', una iniciativa impulsada por Trump con el objetivo de combatir el narcotráfico, aunque no solo eso.
Tras su última reunión, al margen de la Asamblea de la ONU, también acordaron emprender acciones para "explorar mecanismos de control de las inversiones"; "salvaguardar las cadenas de suministro de minerales críticos" y "promover normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital".
Brasil "nunca" ha sido invitado a formar parte del grupo, aseguran a EFE fuentes gubernamentales, que lo perciben como un mecanismo alineado con la "doctrina de seguridad nacional del Gobierno Trump", es decir, con la nueva versión del 'América para los americanos'.
Esas mismas fuentes creen que abre la puerta a posibles intervenciones militares de EE.UU. y que, en realidad, busca restar la creciente influencia de China en el continente.
Flávio Bolsonaro, empatado con Lula en los sondeos, ya ha anticipado que se unirá al Escudo si gana las elecciones.
Para Pimenta, la eventual victoria de Bolsonaro "abrirá el país" a empresas estadounidenses para la explotación de minerales críticos y de recursos hídricos destinados a centros de datos.
Desde el Gobierno, señalan a EFE que "no habría manera de aceptar algo en ese sentido".
En público, Lula enarbola la soberanía nacional y llama a la cooperación con EE.UU. en materia de seguridad, pero rechaza tener portaaviones vigilando su litoral. EFE
Carlos Meneses
(c) Agencia EFE